Fotografía Artística. Te llevás más que una fotografía
Todo lo que sucede antes y después de hacer clic para transformar un momento real en una imagen artística.
Fabi Casco
8/29/20266 min read
Más que una fotografía: una imagen creada para convertirse en arte
Hay fotografías que guardan un momento.
Y hay otras que, además, fueron imaginadas y construidas para convertirse en esa imagen especial que elegís imprimir, enmarcar y colocar en un lugar importante de tu casa.
Puede ser la fotografía de tu embarazo que algún día le muestres a tu hijo, el retrato de tu bebé cuando todavía cabía entre tus brazos, una imagen de tus hijos en una etapa que va a pasar mucho más rápido de lo que hoy parece, una fotografía de toda tu familia, un retrato personal en el que te reconozcas y te guste cómo te ves, o esa imagen de tus 15 años que forme parte de tu celebración y después siga acompañándote muchos años más.
Una fotografía que no fue creada solamente para quedar guardada entre cientos de imágenes en un teléfono, sino para tener un lugar en tu historia.
Cuando hablo de fotografía artística, hablo de eso.
De crear una imagen que nace de un momento real, pero que lleva detrás muchas decisiones, conocimientos y trabajo para llegar a su resultado final.
Y ese proceso comienza mucho antes de hacer clic.
La imagen empieza a construirse antes de la sesión
Antes de fotografiar ya estoy pensando en la imagen.
El vestuario, sus colores, las texturas y el movimiento de una tela pueden cambiar por completo el resultado. Por eso asesoro sobre qué prendas pueden funcionar mejor según las personas, el lugar y el tipo de fotografía que queremos crear.
También pienso en el entorno.
En Bariloche tenemos montañas, bosques, lagos y playas increíbles, pero para mí una locación no es simplemente un paisaje bonito detrás de una persona.
Es parte de la fotografía.
Busco cómo integrar a las personas con ese espacio, qué colores van a convivir dentro de la imagen, desde dónde voy a fotografiar y, sobre todo, qué luz podemos encontrar allí.

La luz no solamente ilumina. Construye la atmósfera.
Una misma escena puede convertirse en fotografías completamente diferentes dependiendo de la luz.
Por eso el horario de una sesión tampoco es casual.
A veces busco una luz suave. Otras, un contraluz que atraviese el pelo o dibuje una silueta. Hay momentos en los que necesito que el paisaje tenga presencia y otros en los que quiero que prácticamente desaparezca para llevar toda la atención hacia una expresión.
La luz es parte de mi lenguaje fotográfico.
No busco solamente que una imagen esté correctamente iluminada. Busco que la luz ayude a contar lo que quiero que esa fotografía haga sentir.
También hay una dirección detrás de lo que parece natura
Una fotografía natural no significa necesariamente que todo ocurrió por casualidad.
Durante la sesión observo la luz, el cuerpo, las manos, el movimiento, la ropa, el paisaje y la relación entre las personas.
Los voy guiando para ubicarlos donde la imagen funciona mejor, pero sin convertir cada momento en una pose rígida.
Hay veces en las que voy a dirigir más y otras en las que simplemente voy a dejar que algo suceda.
Porque también es parte del trabajo saber cuándo intervenir y cuándo no hacerlo.
Una mirada, un movimiento del vestido, un abrazo o una ráfaga de viento pueden durar apenas unos segundos.
Mi trabajo es reconocer cuándo esos elementos pueden convertirse en una fotografía especial.
La fotografía que sale de mi cámara tiene que ser una buena fotografía
Esto para mí es fundamental.
La edición artística no consiste en tomar una mala fotografía y después intentar arreglarla en la computadora.
Es exactamente al revés.
Para construir una imagen artística necesito comenzar con una muy buena fotografía.
La luz, el momento, la expresión, la composición y la dirección tienen que estar ahí.
Esa fotografía es la base.
Después puedo trabajar sobre ella, profundizar su atmósfera, limpiar aquello que distrae, modelar la luz, desarrollar los colores y llevar determinados elementos un poco más lejos.
Pero necesito primero una imagen que valga la pena llevar hasta allí.
Cuando termina la sesión comienza otra parte del trabajo.
Después de fotografiar, selecciono cuidadosamente las imágenes.
No todas necesitan el mismo trabajo ni todas tienen que convertirse en una fotografía artística.
Cada una tiene una función dentro de la historia completa de la sesión.
Las fotografías finales reciben su edición profesional, pero algunas imágenes tienen algo especial: por su luz, su composición, una expresión, un movimiento o simplemente por todo lo que coincidió en ese instante.
Son esas fotografías las que puedo elegir para llevar un paso más allá.
Ahí comienza mi edición artística o Fine Art
Fine Art significa, literalmente, Bellas Artes. Pero más que el nombre, me importa explicar qué significa dentro de mi trabajo.
No es aplicar un filtro.
No es presionar un botón.
Y no es transformar a una persona hasta que deje de reconocerse.
Es continuar construyendo la fotografía que comenzó durante la sesión.
Trabajo individualmente la luz, el color, la piel, el entorno, la profundidad y la atmósfera. Puedo quitar pequeñas distracciones, equilibrar elementos de la escena o intervenir determinadas zonas para conducir la mirada hacia aquello que quiero que tenga protagonismo.
Todo tiene una intención.
La fotografía real continúa siendo la base: ustedes estuvieron ahí, esa expresión existió y ese momento sucedió.
La edición artística me permite terminar de construir visualmente esa imagen.
Por eso un antes y un después cuentan mucho más que una explicación
Cuando muestro la fotografía original junto a la fotografía artística terminada, estoy mostrando una muy buena foto convertida en una historia.
Estoy mostrando el comienzo y el final de un mismo proceso creativo.
En la primera ya están la fotografía, la luz, la dirección, el vestuario, la composición y el momento.
En la segunda aparece todo el trabajo posterior que me permitió llevar esa buena fotografía hacia la imagen que había imaginado.

Para poder crear así, tuve que aprender mucho más que fotografía
Con los años entendí que la cámara era solamente una de mis herramientas.
Estudié Diseño de Indumentaria, y eso me enseñó a mirar de otra manera los colores, las formas, las texturas, las telas y cómo una prenda puede modificar visualmente una imagen.
Me formé en Dirección de Arte y Escenografía, porque cada elemento que entra en una fotografía puede aportar a la historia o competir con ella.
Estudié iluminación y luz natural para aprender no solamente a exponer correctamente una fotografía, sino a utilizar la luz como parte de su construcción.
Y profundicé mi formación en edición artística Fine Art, porque quería que mi trabajo no terminara necesariamente en aquello que la cámara podía registrar.
Hoy no pienso en esos conocimientos por separado.
Están todos ahí cuando miro una escena.
Cuando recomiendo un vestido, cuando elijo una locación, cuando espero determinada luz, cuando muevo a una persona unos centímetros, cuando decido desde dónde fotografiar y también cuando, después, me siento frente a esa fotografía para terminarla.
¿Y qué te llevás finalmente?
Te llevás todas las fotografías que forman parte de tu sesión y cuentan ese momento.
Pero entre ellas puede haber algunas creadas para tener otro lugar.
Esa fotografía de tu embarazo que imaginás impresa en grande.
El retrato de tu bebé que querés conservar en una pared de tu casa.
La fotografía familiar que algún día tendrá todavía más valor que hoy.
O esa imagen de tus 15 años que puede formar parte de la decoración de tu fiesta y que después seguirá existiendo cuando la celebración haya terminado.
Porque una fotografía artística no está pensada solamente para verla unos segundos en una pantalla.
Puede convertirse en una imagen para imprimir, enmarcar, regalar, utilizar en un evento o conservar como parte de la historia visual de una familia.
Ese es el valor que hay detrás de una de mis fotografías artísticas
No está solamente en las horas de edición.
Está en todo lo que tuvo que suceder antes.
En aprender a mirar la luz. En comprender el color y el vestuario. En construir una escena. En dirigir sin quitar naturalidad. En reconocer un instante. En hacer una buena fotografía y saber qué imagen tiene el potencial para llevarla más lejos.
Y finalmente, en dedicarle el trabajo necesario para transformarla en esa fotografía especial que quizás algún día ocupe una pared importante de tu casa.
Porque el resultado final es una fotografía.
Pero detrás de ella hay mucho más que una foto.







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